¿Pensaste alguna vez, detenidamente, en esa persona que te pone los pelos de punta, la piel de gallina, el corazón a latir como un tambor? Parece mentira que la simple presencia de alguien pueda generar tantas cosas. Tantas gotas de sudor frío en la espalda, tantas sonrisas estúpidas que no podés borrar del rostro, tantos dolores de cabeza y noches sin dormí, pensando y sin dejar de hacerlo, en él o ella. ¿Tiene sentido el amor por momentos o es una locura socialmente aceptada? ¿No podríamos acaso analizar un poco esa cosa que llamamos amor, la cuál practicamos sin poder definir al mejor estilo de la R.A.E.? Caminamos sin ver dónde pisamos, tomamos un café sin ver la taza, escuchamos música sin detenernos en la letra, sólo para imaginarnos un abrazo, un beso, una caricia.
Entonces surge una duda: ¿Amamos lo que conocemos o lo que creemos conocer y que nuestra imaginación genera en esos espacios vacíos por el conocimiento? Somos como escritores románticos que llenan cada hueco en el papel con sus tintas y borrones, para llenar el espacio vacío, ése que no conocemos y que idealizamos, para poder tener algo seguro sobre el otro, tomando cada rasgo de nuestro querido amor y maximizarlo como una caricatura, tomando los rasgos básicos que nos gustan para hacer de ellos lo único existente, lo que amamos, lo que es y será.
Así tenemos a la persona, un conjunto de características que nos agradan pero que nosotros hacemos. "No es alguien bueno, es el mejor" ¿Exageramos para convencernos de lo que tenemos y creemos tener o para satisfacer nuestra soledad con lo que nuestras manos tienen y que por miedo no logramos soltar? ¿Cuál es el poder de la soledad para luego temerle tanto, para odiar la mitad de la cama vacía, para simplemente no sonreír cuando no tenemos a alguien que nos tome de la mano?
¿No llega a ser el amor un todo o nada en nuestras vidas tan ricas?¿Es el amor como el determinante para ver el vaso medio vacío, medio lleno?
No pongo en dudas el poder del amor, como fuerza motora de todo lo noble en el espíritu del hombre. ¿Pero no hay más que novias, parejas y maridos? Sí, hay amigos, familia, conocidos, paz, felicidad, tranquilidad, esperanza. No es cuestión de reconocernos en el otro sino de reconocer lo que no tengo y me gustaría conmigo.
domingo 6 de diciembre de 2009
martes 24 de noviembre de 2009
Estoy ciego, y no puedo ver lo que quiero. No puedo mirar sin girar mi cabeza por encima del hombro para recordar el pasado. ¿Y qué hay del muerto? Lo sigo arrastrando, desde hace dos años, más tiempo muerto que vivo.
Perdón Dios mío.
Perdón Dios mío.
viernes 30 de octubre de 2009
La sala se hace cada vez más grande, y los espacios más y más llenos, de aire, de espacio, de luz, de nada... El sonido se hace aceite, un aceite que espesamente recorre las paredes, el piso, mi cuerpo, el todo de mi pequeña casa. Nado. Nado en un aceite sucio, lleno de peces de colores, en esta sala que no tiene salida, sólo ventanas y puertas abiertas que Dios no me permite utilizar.
Lentamente la luz penetra, cada vez más rápidamente, más fuertemente, más violentamente, más y más hondo, en mi alma, la luz penetra, la oscuridad da pelea, muere y resucita y pelea. Caminar escazos centímetros se vuelven largos kilómetros nadando en la mugre, las distancias se distorsionan, las figuras mutan en otras de mayor dimensión, de colores más claros, en figuras que a cada segundo más se van confundiendo entre ellas, en una orgía de colores y formas, como si un carnaval estuviera atrapado en un pequeño frasco de pickles.
Me siento. Tomo la taza de té que tengo a mi derecha, frutos rojos dentro de mi boca.
Suavemente el espacio se vacía. La tranquilidad nace y chorrea por las paredes...
Lentamente la luz penetra, cada vez más rápidamente, más fuertemente, más violentamente, más y más hondo, en mi alma, la luz penetra, la oscuridad da pelea, muere y resucita y pelea. Caminar escazos centímetros se vuelven largos kilómetros nadando en la mugre, las distancias se distorsionan, las figuras mutan en otras de mayor dimensión, de colores más claros, en figuras que a cada segundo más se van confundiendo entre ellas, en una orgía de colores y formas, como si un carnaval estuviera atrapado en un pequeño frasco de pickles.
Me siento. Tomo la taza de té que tengo a mi derecha, frutos rojos dentro de mi boca.
Suavemente el espacio se vacía. La tranquilidad nace y chorrea por las paredes...
jueves 8 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

